Recuperación de Espacios Culturales e Históricos

Manteniendo Viva la Historia de Nuestro Pueblo

El Programa tiene como objetivo el rescate histórico y la puesta en valor de aquellos sitios emblemáticos para nuestro pueblo, que han sido testigos de nuestro crecimiento y desarrollo como comunidad.

 

Programa de Recuperación de Espacios Culturales

“Este tipo de proyectos convergen y generan  alternativas interdisciplinarias y espacios de desarrollo, donde la planificación y gestión dan respuesta a las necesidades de la población, por lo que es fundamental la participación de esta, como ente activo en los procesos”.

Isabel Luque Ceballos | ¿Proyectos Patrimoniales o Turísticos?

Con diferentes estrategias este Proyecto que incluye la Señalización de Espacios Culturales y Turísticos busca visibilizar, identificar, conceptualizar y poner en valor los Bienes Patrimoniales, integrando como aliados y socios a los diferentes sectores de la comunidad.
Lo iniciamos con el diagnóstico y el trabajo de campo dentro del marco de políticas de genuina investigación, que convalidan el valor histórico de la información y lo acompañamos con la convergencia de ideas sobre nivel de uso y nivel de conciencia histórica por lo que se transforma en un Proyecto Productivo.
Logramos recuperar once lugares señalizados en esta primera etapa entre los veinticinco posibles que abarca el proyecto y el periodo de rescate histórico lo fijamos entre 1930 y 1970 porque ese es el momento en que se produjo la transculturación del pueblo que está marcado por la fraternidad, el compromiso y la participación en torno al Bien Común. Si bien es cierto que se imponía la necesidad de un cambio para poder subsistir, las energías personales se canalizaban en la cooperación, la tolerancia, el empuje que iba más allá de los orígenes y los intereses. Acordamos que la selección del rescate iba a considerar la antigüedad y supervivencia del Patrimonio como así también su aporte a la identidad del pueblo y la trascendencia y posibilidad del mismo para integrar un Circuito Histórico, Cultural y Turístico.

Se fijaron como objetivos:
1.- Proteger, conocer, conservar, difundir y fortalecer nuestra Identidad, nuestro Patrimonio y todo lo que hace al Bien Común.
2.- Enriquecer la visión de los vecinos y de los turistas visitantes brindando información de primera mano sobre el proceso de transculturación.
3.- Destacar el aporte de la cultura territorial donde son protagonistas los nativos y los criollos que vendieron sus tierras y acompañaron el desarrollo turístico posterior.

El Programa responde al proyecto integral de la Secretaría de Turismo, Cultura y Deportes de la Municipalidad de Villa General Belgrano que entre sus acciones prevé la valoración de los distintos espacios culturales: ”Restauración y localización de esculturas en el Paseo del Arroyo, Recuperación de los Espacios Culturales e Históricos y puesta en valor del Museo Juan B. Ambrosetti, Café con los pioneros y Paseo de los Duendes”.

La tarea de Investigación, Asesoramiento y Redacción de textos estuvo a cargo de la Prof. Martha Freytes de Vilanova, quien puso a disposición del Área de Cultura y a favor del Proyecto su disponibilidad como Investigadora, Historiadora y Escritora; además facilitó imágenes fotográficas y material de sus trabajos de investigación con los que se ilustran los paneles que son extraídas de la base documental citada en las Fuentes Bibliográficas.

Cabe destacar que se formó un equipo de trabajo con la Dirección de Cultura que supo visualizar la comunidad y a medida que ahondaba en las raíces, profundizó la cotidianeidad del hombre común, destacando el entorno ambiental y la complementación turística.
Las respuestas dadas a las dificultades que se presentaban sobre la marcha se fueron resolviendo con gestión y en forma rápida buscando tener siempre presente los intereses económicos, políticos, sociales y culturales.
Conscientes que “la cultura, la comunicación y el diálogo son herramientas que unen al pueblo, le permiten la participación y logran la transformación social”, se buscó aplicar una perspectiva integradora que uniera el entorno del ayer con el hoy, ya que ambos enfoques, el cultural y el turístico, son complementarios y enriquecedores.

El equipo de trabajo expresa su agradecimiento por el apoyo que se ha brindado al Programa de Recuperación de Espacios Culturales y expresa su deseo para que el mismo sea vivido como un homenaje a todos los pioneros, tanto criollos como extranjeros, que sentaron las bases para hacer de este singular pueblo que heredamos ¡Algo Distinto!, y que tanto vecinos como visitantes encuentren en este circuito “una oferta cultural, histórica y turística, rica y auténtica.”

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

FREYTES de VILANOVA, Martha

5.1. Bibliografía

  • (2001) ¡Aquí me quedo! Historia de Villa General Belgrano. Córdoba (Arg.), El Copista. 6ta. Ed. 2018.
  • (2002) “Valores e Identidad de Villa General Belgrano”. Ponencia publicada por la Junta Provincial de Historia de Córdoba. 7ma. Ed. 2019.
  • (2006) Algo Distinto Villa General Belgrano Turismo Origen y Desarrollo. Córdoba (Arg.), Comunicarte.
  • (2006) “S.O.S. ¡¡¡PROTECCIÓN!!!” Ponencia presentada y editada por la Junta Provincial de Historia de Córdoba en las VI Jornadas de Historia de Córdoba. Octubre de 2006.

5.2. Fuentes complementarias

  • Material Fotográfico que forma parte de una Base Personal de Datos nominada como Museo de la Imagen.
  • Material de audios que guardan las “Entrevistas a pioneros e hijos de pioneros” que forman parte de una Base Personal de Datos denominada Museo de la Palabra.
  • Exposición Fotográfica de 12 paneles y fotografías que registran la Historia de Villa General Belgrano presentada en el año 2001 y que, desde 2013 se encuentra expuesta en  forma permanente por la Fundación La Capillita, en el Museo Histórico y Cultural de Villa General Belgrano.  
  • Selección de Fichas Catastrales de la Municipalidad de Villa General Belgrano.
  • Mapas, Primeras Guías Turísticas del pueblo, informes y videos varios.

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Información Ampliada

“El 12 de noviembre de 1934 llegó al Paraje El Sauce una familia integrada por Don Fernando Schwab y Ottilia Dollezalde con sus dos hijas, una se llamada Ottilia como su madre, que había nacido en Viena el 3 de diciembre de 1921 y la otra era Anita dos años menor que ella. 

Venían atraídos, como tantos otros inmigrantes, por la tentadora propuesta de Kappuhnn; en el momento que realizaban el viaje, se estaba demarcando la ruta 36 y sobre el río Los Molinos avanzaba la construcción del puente de cemento armado que hoy yace bajo las aguas del dique a casi catorce metros de profundidad.

  Tanto al atravesar Los Reartes como al llegar al destino los sorprendió la presencia de “los gauchos con sus trajes típicos y sus briosos caballos, gente de un hablar sereno y sentencioso.

  Cuenta Ottilia que fueron recibidos con cordial hospitalidad pues significaban una familia más entre las quince existentes, para hacer crecer el pueblo. Adquirieron siete hectáreas entre lo que es hoy la calle Newbery y Los Incas y se instalaron en ese refugio cavando casi una cueva en la barranca agregando chapas… así construyeron un precario hogar con una improvisada cocina al aire libre y con el horno para hacer el pan.

  Esta vivienda será reemplazada por la casa de cemento transformada ya en una de las primeras pensiones, la “Pensión Champaquí”, y su madre de calificada secretaria en Viena se transformó en panadera.

 Será Ottilia quien con sus escasos trece años, con las manos enharinadas, con un largo y plegado delantal hará las primeras masas, casi como si se tratara de un juego y sin presentir siquiera que en esos pegotes comienza a despertar el talento  que luego se transformará en habilidad y arte. Ella también es quien carga las bolsas y las mochilas con el pan y “montada en pelo a caballo se transforma en una enhorquetada amazona” que entrega el preciado pan  a los clientes, los  Kraus,  los Gobl, los Elinger…

En épocas de turismo la tarea se hacía doblemente pesada pues la demanda se incrementaba y a veces tenían que amasar hasta setenta kilos de harina.

Fue una mujer aspirante a logros mayores, su familia poseía esmerada cultura, por eso ella quería ser médica-sicóloga, pero se adaptó con facilidad a la sencillez de la vida de comodidades precarias que ofrecía el lugar. Recuerda con cariño la cocina Petromarc, la plancha Volcán, el sol de noche, clásico farol rural al que había que bombear evitando que se que cayera o estropeara la frágil mecha o camisa.

 No podemos cerrar esta evocación sin hacer referencia a la fuerza de atracción que tuvo tanto para Ottilia como para su padre,  la presencia del Cerro Champaquí.

 Desafiar la cumbre fue para ellos una experiencia singular de esfuerzo, constancia, entusiasmo y baquía. Vivir una noche al pie del cerro, rodeados de la cálida hospitalidad de las familias criollas, como los Domínguez, los Luna, los González saboreando un cordero asado con brasas de tabaquillo, disfrutando la reconfortante camaradería de los montañistas, fue siempre y es aún hoy un atractivo especial. 

El  almacén de los Schawb puede ser considerado la primera Oficina de Turismo porque allí se proporcionaba la información necesaria, se conseguía un guía… y se brindaban consejos,  en forma práctica de cómo efectuar el ascenso y el descenso al Cerro Champaquí sin inconvenientes.

Cabe recordar que don Fernando y Ottilia, padre e hija, se convirtieron en guías turísticos profesionales, que promovieron  las excursiones incluyendo el espectáculo del “Jodel” (canción sin palabras  que se oye en la alta montaña).

Es imposible negar las dotes, pero sobre todo la sensibilidad que haría de Ottilia una escritora autodidacta. Por eso considero importante para enriquecer este espacio acompañarlo  con algunos textos de sus “Memorias”.

 Dice Ottilia:

 _ “El camino era inquietante. De pronto el chofer detuvo la marcha al oír a mi padre decir: Miren, este será nuestro Valle. Nos bajamos a contemplar el panorama. No había grandes lagos ni los campos estaban forestados. Era una amplia vastedad que ondulaba con placidez bajo el sol del mediodía y se veían  hasta muy lejos en las Sierras Grandes, los ríos cristalinos que brillaban como cintas de plata.

Nos quedamos maravillados de que, con solo alargar la mirada alcanzáramos tal lejanía. El silencio era profundo y se mezclaba con el particular perfume de las plantas y las hierbas de la sierra. Allí experimenté por primera vez, la voz del silencio”.

_”No habiendo árboles a los alrededores de nuestro rancho, en aquellos momentos yo sentí que la sierra se me venía encima”.

_ “Espontáneamente,  Alberto Knoepfli, que era maestro en el “Jodel”,  que es una canción sin palabras  que se oye en la alta montaña, se acercó al abismo de la quebrada Labarrosa, lugar del nacimiento del Río Los Reartes y comenzó a cantar.

 Enmudecimos por la emoción ya que el eco iba repitiendo  el canto una, dos, y tres veces… fue inolvidable” 

_”Cierto día un grupo de vecinos compartían momentos de ocio alrededor de un asado criollo al aire libre, saboreando unas cervezas que adquirían la temperatura ideal sumergidas en las cristalinas aguas de la acequia.

Era un 12 de octubre y asociando descubrimientos pensamos que aunando los dos, el de España y el del Nuevo Mundo y el de los inmigrantes de habla alemana en los hermosos parajes del valle, sería oportuno señalar como “Día de la Fundación” el ll de octubre de 1932, pues siendo el siguiente día feriado podrían descansar y reponerse de lo que ya se perfilaba como un gran festejo. Podría ser coincidente con la llamada Fiesta de la Primavera cuya continuidad a partir de 1962 dará origen a la Fiesta de la Cerveza”.

Cabe acotar que aquellas sencillas celebraciones entre amigos y vecinos no nos  permiten  suponer la importancia que esos primigenios intentos iban a adquirir cuando el pueblo, fracasado el proyecto agrícola, intentara la construcción de un nuevo perfil: el turístico.
Después de su primer matrimonio  y de algunos avatares de su existencia, que la llevó a residir en Buenos Aires, después del nacimiento y poder encauzar su  preocupación de brindar la mejor  educación a sus dos hijos José y Fernando y la posterior muerte de su marido, regresó al pueblo a acompañar a su padre y contrajo nuevo matrimonio.

 Fue entonces cuando retomó el  oficio de repostera que heredaría su madre y su éxito creciente la llevó a abrir su propio local, pequeño y refinado, al que en homenaje a su madre bautizó como “Confitería Ottilia.”

 Demás está decir que la calidad que logró imprimir a la  Selva Negra, a sus Tarteletas de frutillas y a su Apfelstrudel harán trascender a la Villa por su excelencia y calidad de repostería.

Precisamente ella acompañará, por la trascendencia que ya tenía su  repostería alemana, a que un grupo de vecinos impulsara la creación de la Fiesta de la Masa Vienesa en el año 1971 bajo la protección de la Municipalidad y del Club Cultural y Deportivo. Y como la Semana Santa, exigía recogimiento y esta era la fecha prevista para concretar la festividad, los organizadores tomarán todo tipo de recaudos para que reine el recogimiento y la meditación que esta celebración exige promocionando el Vía Crucis y reflejándolo con mucho respeto y profesionalidad en la música y los   espectáculos.

El nombre de Ottilia se hilvana en  la memoria de muchos de nosotros, su recuerdo surge en forma espontánea… en las fiestas…en los desfiles… junto a los referentes de la comunidad y en  la gastronomía que nos identifica.

Su hijo Fernando nos dice: “A  ella  se le ocurrían cosas y las hacía… fue la primera en hacer el fondue de queso, de chocolate, de carne, de pescado… de todo.  Cuando comenzó a hacer la Selva Negra, le pidieron que la hiciera dulce y comenzó a funcionar… era una hacedora!”.         

Gracias Ottilia por su aporte en la construcción de nuestra identidad  y por su presencia junto a todos los que dieron  los primeros pasos de nuestro pueblo.

Archivo fotográfico:

1934-36-Fernando,-Otilia-y-Anita-Schwab

1960-Fiesta-de-la-cerveza-Ottilia-y-Tracsel

1936-Hermanas-Schwab

1936-Familia-Schwab-en-el-Champaquí

1936-Construcción-del-camino-futuro-puente-frente-a-Ottillia

1935-Maestro-Ficher-con-alumnos-extrajeros

1934-Otilia-Schwab

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

“Juan Volfarth  con solo  treinta y tres años y junto a su esposa Ana Karvach, ambos yugoslavos, llegaron a la Argentina tras pertenecer al grupo de familias que después de la guerra de 1914 había emigrado a Hungría tentados por las ofertas de bienestar y bonanza  prometidas por la Reina María Teresa que necesitaba repoblar sus dominios y buscaba gente que hablara alemán. Pero como ha sucedido a lo largo de la historia en muchos países, las promesas eran una cosa y la realidad fue otra por lo que un día, cansados y desalentados  decidieron buscar su destino en un nuevo continente.

No era fácil la vida en Argentina y Juan, empeñoso y empeñado, trabajó primero en el Frigorífico “La Negra” donde transportaba reses de animales a hombro, mediando entre su piel y el animal tan solo una liviana arpillera.

 La humedad y el frío de las cámaras le trajeron un reumatismo que lo obligó a abandonar el trabajo insalubre y tentar suerte en otros lugares.

Anduvo por el sur visitando Choele Choel y Trelew en busca de trabajo pero nuestro país exigía demasiado  para un trabajador esforzado pero no calificado y siempre resultaron insatisfactorias sus búsquedas, por los bajos salarios ofrecidos.

Cierto día, leyendo un diario en idioma alemán “tropezó” con la oferta de Kappuhn  e inmediatamente, valiéndose del Ferrocarril Central Norte hasta Córdoba y desde allí en el  “El Colorado” concretó el viaje que lo llevaba hasta “El Sauce”.

Se instalaron en la Pensión de Deppe. Con los ahorros conseguidos con perseverancia y esfuerzo, adquirieron siete hectáreas de buena tierra donde comenzaron a edificar su  vivienda de gruesas paredes de adobe justo frente al actual Viejo Munich.

Mientras la vida los fue llevando hasta los que sería su trabajo definitivo, Juan se desempeño primero como peón de Laureano Martínez: sembraba alfalfa y cuidaba la hacienda. Y Ana por su parte, aprovechando los meses de diciembre a febrero que eran los de mayor afluencia de turistas, trabajó en la pensión de Mamita Gobl. También sembraron verduras y fueron primero verduleros.

Un día decidieron iniciarse como panaderos y crearon “un pan negro sabrosón” para los que padecían problemas digestivos”,  llegó a ser un producto tan apreciado que don Reinaldo Schefski bajaba desde La Cumbrecita  para adquirirlo y servirlo en las mesas de su hotel. Con el transcurrir del tiempo a la Panadería le anexan el Almacén.

Sus hijos Rodolfo y Juan los ayudaban en todo, recorrían el pueblo levantando pedidos, y haciendo entrega de las piezas fragantes recién horneadas, mientras organizaban partidos de futbol con pelota de trapo, que se jugaban en la canchita de lo que hoy es barrio Loreley. Como esta era una zona muy salitrosa, lamida por las vacas se transformó en  una cancha ideal y los partidos se hicieron famosos en el pueblo.

Pero  además Rodolfo,  más conocido por el apodo de “el Colorado Volfarth “ con solo doce años trabajaba como fogonero de la fragua en el taller de herrería de Knoepfli a  donde se cambiaban las ruedas a las carretas y se herraban los caballos.

 Su labor consistía en arrojar paladas de guano al fuego para que el metal se pusiera al rojo vivo. Era espectacular para el niño ver elevarse las llamas rojas, amarillas y azuladas que lamían el metal hasta volverlo ígneo mientras las chispas se derramaban alrededor de la fragua. Además solía cumplir con la sacrificada misión de recorrer cuatro kilómetros para buscar la correspondencia en La Estafeta, algunas veces a pie y otras a caballo.

Recordando esos tiempos pasados hoy Rodolfo reflexiona: “! Qué  suerte tuvieron los chicos que nacieron después de nosotros! ¡En aquella época había que trabajar y trabajar, y a pesar de eso no nos quejábamos nunca, había que hacerlo y lo hacíamos con alegría!

Hay un hecho innegable y es que el proceso de transculturación se realizó  porque  los pioneros entendieron que criollos y extranjeros se necesitaban… y que juntos podían optimizar el trabajo e incrementar el rendimiento de las iniciativas comunes.

Eran hombres arrolladores que no esperaban  permiso para su esforzado trabajo, no era que fueran más capaces, ni más idóneos o más cultos que los criollos, era otra cosa: Ambos descubrieron que la unión hace la fuerza. Había tierra y trabajo para todos”

Archivo fotográfico:

1931-Arando-la-tierra

1932-Con-alambrados-y-molinos

1999-Sr.-Rodolfo-Volfarth-

Almacen-de-Frau-Vofarth

El-almacén-de-los-Volfarth

Rodolfo-y-su-nieto-Jorge

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

El Munich unió a través de la música, el baile y la diversión compartida a todo el pueblo constituyéndose por muchos años en el lugar de encuentro y reunión de criollos y extranjeros.

 Juan Volfarth, fue el dueño del terreno y junto con Fernando Schwab ayudaron a Hans Kraus a edificar “El Munich” . El venía precisamente de Babiera y conocía el oficio de tabernero.

Planeó la edificación de un amplio salón cuyo techo de desacostumbradas dimensiones representó todo un desafío y puso a prueba el ingenio y la capacidad en la construcción de aquella época, trabajo que quedó en manos de Jorge Hoss un hombre prolijo y silencioso.

Terminada la obra, el espacio se llenó de risas y melodías; fue el primer salón de baile y estuvo siempre bajo la vigilancia de don Clímaco Antúnez y a veces de un singular agente, don Pedro Guzmán siempre de intachable “uniforme”, saco gris con charreteras, un sombrero de alas anchas, amplias bombachas e infaltables alpargatas. Los dos con su sola presencia restablecían el orden cuando los ánimos se caldeaban.

También el Munich fue la primera sala de cine, al fondo del salón principal sobre una pequeña plataforma Kraus colocó los proyectores, todo iba muy bien hasta que la cinta se cortaba, desperfecto que sucedía con mucha frecuencia. Entonces el público exteriorizaba su reclamo con silbidos y voces de protesta que con el tiempo obligaron a Kraus a invertir en nuevos equipo.

Y ni qué hablar del material proyectado! El publico iba a ver muchas veces la misma película por lo que oiremos a Lelia Castaldi por ejemplo decir: “A lo que el viento se llevó… me la sé casi de memoria!!!”

También disponía de una cancha de bolos, y no faltaba un rinconcito especialmente decorado para la atención del criollaje que consumía el clásico vino tinto mientras observaban cómo otras costumbres  se desarrollaban  y corrían a la par de las cuadreras. Algo los llegaba a confundir y era la inesperada pero interesante transformación que se producía en el pueblo.

Y será don Eduardo Ceballos quien nos contará que “los viejitos alemanes trabajaban de sol a sol pero que desde la noche del viernes hasta el atardecer del domingo se reunían en el Munich… comían lechones, bebían mucha cerveza y el lunes se recuperaban de los excesos del fin de semana, y el viernes siguiente volvían a darle a la fiesta”.

Después de la temprana muerte de Kraus el Munich fue vendido, alquilado, tuvo nuevos dueños que lo ampliaron y lo remozaron, estuvo un tiempo clausurado y luego volvió a abrir… sin embargo nunca perdió su singular presencia ni su identidad.  Es interesante analizar en este momento y bajo  estas circunstancias recreativas la relación de criollos y extranjeros, que no eran solo alemanes, los había italianos, suizos y hasta algunas mezclas étnicas interesantes. Podemos afirmar que en ese entonces no se exteriorizaba en el  pueblo grietas que los dividieran.

Don Nicandro Maldonado a mediados de la década del 50’ se hizo cargo del Munich imprimiéndole su cultura y transformándolo casi en una pulpería; creó mesas de truco y chinchón, el piano se guardó en el olvido y comenzó a despachar copas en el mostrador y hubo apuestas y concursos de taba.

En 1964 fue adquirido por Juan y Nora Seyfarth y recuperó su identidad europea y recobró una clásica atención esmerada hasta 1990.

Durante diez años permaneció cerrado y en 1999 reabrió sus puertas recobrando su conocida vitalidad. Lo hizo de la mano de Alejandro Assadourian quien lo reestructuró y lo abrió como si fuera una reliquia bajo el nombre de  “El Viejo Munich” transformándolo en el pionero de la cerveza artesanal.

El Munich, hoy “EL VIEJO MUNICH”, no es solo una reliquia es un símbolo de la  identidad vertebrada de nuestro pueblo.

Archivo fotográfico:

Munich-1937

Restaurant-Munich (nevada 1975)

1960

Vistas del Salón – 1937

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

“Cómo no recordar en esta mirada hacia el pasado a los hermanos, Luis y Rodolfo Mohapp, austríacos de nacimiento y hombres poseedores  de una  especial sensibilidad.

Luis era peluquero “un coiffeur unisex” porque atendía indistintamente a damas y a caballeros. Al principio lo hacía a la vera del río o en las Colonias de Vacaciones, siempre al aire libre, con una sonrisa amable y jovial, peinado a la brillantina, de impecable raya al medio y un rizo cayéndole sobre la frente.

Dominaba su oficio, ya usara la tijera o la navaja y con sus dedos mágicos y su espontánea conversación no solo embellecía las cabelleras de las damas sino que confortaba sus espíritus, alejando preocupaciones o desilusiones; daba la sensación que con pasar por su peluquería se lograba de rejuvenecer algunos años.

Luis llegó a producir una revolución con la aplicación del enrulado conocido como “la permanente”. Todas las mujeres, jóvenes o entradas en años, querían experimentar la nueva moda y todas se veían peinadas con el mismo estilo. Pero esto era lo que se usaba y había que acatar el mandato.

Este hombre generoso transmitió su oficio a un joven que solo tenía en ese entonces diecisiete años y que hizo de su profesión casi un culto: don Américo Armando Molinero.

Su madre, Inés Valentino, no quería que su hijo llevara una vida tan sacrificada como la de ellos, ni que tuviera que optar entre el campo o irse, y fue ella, en cierta forma, la que  descubrió la vocación de Armando, quien en la actualidad  ya se encuentra retirado después de cuarenta años de ejercer su oficio.

Otro de los Mohapp, Rodolfo, trabajó en su otro oficio que también tenía que ver con el arte, pero el arte de la repostería y pastelería, abrió la primer Confitería típicamente vienesa: “El Tirol”.

Inauguró la costumbre del café con las clásicas y exquisitas tortas  vienesas cuya variedad de cremas sumada al suave perfume de las manzanas, al penetrante olor a la canela, al especial sabor a la miel y al limón,  fueron marcando lo que sería un atractivo más en la vida del pueblo.

Se cuenta que a pesar de ser diestro y experimentado en su trabajo, se le escapaban algunos detalles pues no se exigía demasiadas prolijidades en sus labores.

Relata Pablo Finke que por esto, los parroquianos riendo solían decir: “Vamos a tomar café frío o cerveza caliente a El Tirol”.

Siendo oriundos de los Alpes, ambos vestían ropas típicas y usaban el inconfundible sombrero tirolés.

Aficionados al montañismo siempre estaban predispuestos a preparar alguna excursión a las sierras para llenar los momentos de ocio. Integraban a gente especial, amante de la naturaleza y la aventura y después de varias horas se los veía regresar polvorientos, fatigados pero felices y cantando siempre.

Esta y otras  circunstancias inesperadas  harán que El Tirol sea un nido para la manifestación espontánea de la música y el canto.

La esposa de Rodolfo tenía un hermano, Francisco Cink, quien poseía inclinación por la música, y era un reconocido tenor. Siempre fue el primero en sumarse a las clásicas veladas y la música se volvió en la mejor vía de comunicación que unió a todos en las clásicas noches del Tirol y el Caballito Blanco, donde brotaban casi a borbotones las canciones del terruño natal. Cabe recordar a algunos protagonistas: Oscar Pfüller, que tocaba muy bien el piano y el acordeón, a José Taterik que acompañaba con el violín y que junto a Leandro acompañarán a Kurt Ingerl que hacía gala con “el violín del Diablo”.

Y como la música no tiene fronteras y permite confraternizar y estrechar lazos, pronto surgirá un grupo que de la mano de José Liebmann, Rodolfo Mohapp, Pablo Riesenberg, Juan Oefinger y Alois Grosscharz integrarán un coro que se irá consolidando y sumando voces haciendo su primera presentación oficial el 1 de mayo de 1952.

Esta es la célula madre de la actual la Asociación Coral de Villa General Belgrano la Institución que cuenta con mayor antigüedad e historia en el pueblo. Se inició con treinta y cinco socios y en el 2002 festejó sus cincuenta años de vida, su primer presidente fue el cantante de operas y director de coros don Rodolfo Hesselbein, a  quien ha de seguir el muy querido y valorado Leo Pfüller.

Estos grupos que se nucleaban tanto en el Tirol como en el Caballito Blanco fueron abriendo sus brazos a la participación de todos y con su espíritu festivo marcan otro rasgo fundamental de nuestra identidad”.

Archivo fotográfico:

1960

Grupo de amigos en El Tirol – 1960

1970

Frente de la Confitería El Tirol

1954

Década del `60

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

Entre los años 1929 y 1934 comenzó a sentirse la presencia del inmigrante europeo en el  “El Sauce”, hoy  Villa General Belgrano, y el pueblo   comenzó a adquirir el alma de un roble.

Entre los que llegaron y se destacaron por el empuje, el coraje y la fortaleza rescatamos la figura de Adam Rein,  provenía de Hungría,  arribó a nuestro país en 1926 y era de ascendencia alemana.

Hacia 1930 Adam se contacta con Jorge Kappuhn y se instala en Athos Pampa para trabajar en sus campos. Tres años después se une en la aventura su esposa Julia Szabo Schhneider con sus dos hijos: Adam Junior nacido en Yugoslavia y Caty que nació en Buenos Aires. Al tornarse dificil la aclimatación de la familia, se trasladan a “La Granja” que Kappuhn tenía en “El Sauce”, recibe en pago por su trabajo de tres años seis hectáreas que incluían un rancho donde alguna vez funcionó un almacén de Ramos Generales.

Se instalan e inmediatamente, mejoran sus paredes de adobe que eran de una textura rústica y desigual y consolidan el piso mezclando tierra con guano fresco de caballo.

En 1939, cuando la quinta comienza a producir verduras y frutas, la casa se transforma en una verdulería a la que suman la producción de dulces y conservas, pero como Adam conocía el oficio de panadero y había construído un horno familiar de barro, como los que se ven en el campo, casi en forma inmediata  anexó la venta de pan. El pan casero, con un cálido olor a levadura era entregado a los clientes tras ser transportado en las alforjas del caballo de Caty  o bien,  cuando el trayecto lo hacía a pie, en una clásica canasta.

En 1940 decidieron dedicarse solamente  al rubro de Panadería, y bautizan al emprendimiento como “Panadería Belgrano”, es la que  más tarde todos nombrarán solo con el el nombre de su dueño: “La  Panadería de Rein”

Con la llegada de los marineros, dos de ellos Erik Kothe y Heinrich Nissen, panaderos del barco Graf Spee, nace el clásico “pan negro”  con los cambios de sabor que se conservaron en el tiempo.

La demanda y el éxito alcanzado a través del “boca a boca” se difunde por el Valle y llega hasta Córdoba y los obliga a la transformación del espacio físico por lo que comienzan con la construcción de la cuadra y el horno a leña de dos bocas.

En 1941 la mano de obra se moderniza con la armadora, la sobadora y la cortadora y el clásico perfume de la repostería horneándose, escapa del salón e invita a los peatones que circulan por allí a saborear las especialidades.

Por la calidad y la eficiencia logran en 1948 ser contratados para proveer el pan a los trabajadores que construían el Dique Los Molinos, circunstancia fortuita que los impulsa a la superación permanente y a ampliación del mercado con la implementación de diferentes tipos de  panes y tortas cuyos sabores resistieron el paso del tiempo.

A partir de 1954, cuando fallece Adam Rein, Adam Juniors y su esposa Eva Salzig Koeler, inmigrante de posguerra serán los continuadores de este negocio que ya formaba  parte de la identidad de Villa General Belgrano.

Hubo pocos cambios ya que todo se hacía siguiendo los consejos y bajo la dirección de “las manos mágicas de Julia”, con mucho empeño,con la búsqueda de calidad y excelencia. Eva comenzó a hacer masas centroeuropeas, esforzándose en forma permanente con recetas nuevas que le acercaban sus amigas llegadas de europa. Fue así como nuestra repostería entró a formar parte de la tradición.

Quien no recuerda el sabor particular del Strudel, las berlinas, las masas secas, los caracoles y distintos tipos de facturas!!,  y el clásico pan de Navidad, el Dresdnerd Stollen que continuó elaborando su nieto Pedro y su esposa Betty Garay y aún hoy es especialidad de uno de sus nietos Carlos.

Adam Juniors  trabajó siempre junto a sus hijos, Inés, Carlos, Mónica y Pedro pero a partir de 1975 serán los varones Carlos y Pedro los que cargan el negocio sobre sus hombros. En 1987 cuando fallece el padre el continuador es Pedro, más conocido por todos como Peters, apodado Peta.

Frau Rain alimentaba el sueño de que mientras ella viviera la Panadería de los Rein continuaría acompañando al crecimiento del pueblo unida en sus lazos familiares. Esto fue posible hasta el 2005 en que sus hijos convinieron en alquilarla  a fin de que “la Oma” tuviera una renta. La familia acordó trasmitir esos detalles mágicos que esconden las recetas de cocina a los continuadores, Miguel Bisquer y Viviana Riesemberg quienes decidieron sumar a la tradicional gastronomía  productos como los alfajores, las tortas fritas y las facturas de hojaldre.

La celebración de los 80 años de la Panadería fue una oportunidad para que todo el pueblo se uniera y  se expresara en un sentido homenaje a la familia, ya que “La Panadería de Rein” es un símbolo a través del cual se pudo generar, conservar y trasmitir parte de nuestra identidad.

En la actualidad está cerrada y en venta; a  muchos de los que conocemos la historia de ese singular y querido lugar, nos invade una sentida sensación de nostalgia…porque  “el Patrimonio Cultural  afirma nuestra memoria  no como un elemento pintoresco para los de afuera sino para los de adentro”.

No puede ser una casualidad su persistencia en el corazón mismo del pueblo  y que por ella hayan pasado casi cuatro generaciones que dieron continuidad al proyecto.

Ojalá las legislaciones proteccionistas que son escasas, no lleguen tarde frente a la situación a la que está expuesta este BIEN PATRIMONIAL, y que las  decisiones políticas logren estar a la altura de las circunstancias!

Archivo fotográfico:

Caty Rein frente a la Panadería – 1934

Familia Adam Rein – 1934

Frente de la Panadería – 1936

Pintura de Kühhi – 1936

Carreta de Ludwing frente a la Panadería – 1947

Horno antiguo – 2003

Fuentes:

*Aportes de vecinos y la familia de Pedro Rein y su hijo Carlos Rein.

*Nostalgias de Villa General Belgrano publicación de Herta Gutwein.

*Felices 80 años. https://youtu.be/W77_iotrCuI       –      https://www.youtube.com/watch?v=W77_iotrCuI Link de la nota de  El Sauce TV.https//m.yourube.com.contrlu18feature=youtube.be

*Relatos orales y entrevista personal  a Catalina  Rein  de Ferreyra 15-09.1999 Prof. Martha F. de Vilanova Registrada en el Museo de la Palabra: Disco 4  (1933 -1934 El Sauce comienza a  andar)

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

“No se crece solo por la actividad económica, aunque no podemos negar que este es un factor determinante de su desarrollo; hay dos pilares fundamentales para el crecimiento armónico de una población, uno es la educación y el otro la salud.

Es por ello que no podemos dejar de destacar este mojón de nuestra historia “La Farmacia Calamuchita” que representa mucho más que un Bien Patrimonial Arquitectónico  importante.

Recordemos que por aquellos primeros tiempos la medicina competía abiertamente con la práctica paralela de las curanderas del lugar, con las cataplasmas que imponían las abuelas, los vahos de hojas de eucaliptus para la congestión bronquial o la “tirada de cuerito” para los excesos gastronómicos de grandes y chicos y hasta la sangría para los casos de tensión.

Por entonces el pueblo  contaba con la asistencia de dos médicos: el Dr. Sergio Mayor,  recién graduado en Córdoba y Dr. Julio Arno Kochmann,  nacido en Berlín en 1908, que se radicó primero en La Cumbrecita y luego ejerció en Los Reartes hasta que pudo revalidar su título y  sus compatriotas de El Sauce, le consiguieron  una pequeña habitación en el Munich que se transformó en su consultorio externo.

Ya existía también un pequeño y humilde  dispensario, que funcionó en la casa de la familia Dolwers, habilitado para la atención de personas carenciadas a las que han de sumarse dos salas para internación.

Contaban con dos puntales imprescindibles, la abnegada atención de la enfermera Rosalía W. de Rubinstein y la colaboración de los familiares de los internados para la atención nocturna.

Los médicos que iban llegando al pueblo como el Dr. Hugo Barrionuevo y el Dr. Julio Espejo se suman a la atención de los enfermos.

Hablemos ahora de la Farmacia que siempre fue Farmacia y  que está  ubicada en la Avda. San Martín 5 y que fue construida y atendida  por la Familia Piatiini,  por lo que el Sr. Juan Piattini fue  el primer Boticario.

Sabemos que desde su  proyecto fue una farmacia y que nunca cambió su destino, no presenta ninguna remodelación y se encuentra en muy buen estado de conservación. Se rumorea que su posible constructor  fue el mismo que edifica La Panadería de Rein por eso la similitud en el diseño y uso de materiales de la  construcción.

En los datos catastrales se encuentra registrada en 1947 en que la compró por el primer farmacéutico, el  Dr. Darío Lépora profesional que fue  toda una garantía profesional por su seriedad y la confianza que generaba en los pacientes.

Coincidiendo con el cambio de dueño la Farmacia estrena el nombre de “Farmacia Calamuchita” y cobra un rol importante aunque nada cambie en su  apariencia y en su estructura externa, pisos, puertas y ventanas son los mismos de la actualidad y tampoco hubo cambios en su antiguo mobiliario, mesadas, vitrinas, frascos y propagandas.

Tras el fallecimiento  del Dr. Lépora fue regenteada por dos o tres farmacéuticos y en la actualidad es atendida y administrada por su hijo Roberto  Lépora y su nieto Fernando.

Su fiel clientela se mantiene a través de los años y los nuevos pobladores la consideran una cálida  Farmacia como las de antes.”

Archivo fotográfico:

1947-Farnacia-de-Lepora

1938

Década del 80′

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

“La Posta” –  1880 

“Escuela de don Justiniano Sánchez” – 1881  

“Pensión “La Marta” –  1932 

“Restaurante Los Pinos” –  1960

Se cree que alrededor de 1870 el propietario de las sierras de lo que es hoy Villa General Belgrano, fue el Coronel Moscarda, no se sabe si llegó a la posesión de ellas por compra o por herencia. Su estancia, que iba desde Los Reartes hasta Santa Rosa, se llamaba “El Sauce” y se extendía a lo largo del pueblo actual.

El Coronel Moscarda en 1879 vende parte de su Estancia a don Laureano Martínez y posteriormente a don Justiniano Sánchez quien le compró el casco primitivo que abarcaba varios kilómetros, casi hasta más allá de La Cocha.

Comprendía la Posta, que en su rústica hospitalidad encerraba, como todas, el concepto de solidaridad humana. Allí se producía el recambio de caballos, se servía un plato de comida caliente con el aroma particular de la cocina casera, se disponían de camas para descansar el cuerpo castigado por los vaivenes y los barquinazos de los carruajes y se proveía de forrajes y agua a los animales. Cuentan que como algunas otras a veces funcionaba como pulpería, despacho de bebidas y almacén.

Estos lugares servían también para el encuentro de parroquianos porque en ese espacio  se cruzaban vidas, se trasmitían leyendas, cuentos del pago, supersticiones populares y coplas que pasaban de generación a generación por vía oral logrando seducir a los viajeros.

Fue una época en la que se inicia el proceso integrador de nuestras diversidades, momento en que se profundizan las raíces aborígenes, etapa embrionaria en que se forja el mestizaje y nace el criollo.

Por ese entonces había criollos en La Falda de los Reartes conocida como “La Falda de los Centenos” y “La Falda de Los Iriartes”, y se comenzaba a  formar  la pequeña aldea.

Don Justiniano Sánchez (1854-1935)  era uno de esos Jefes de las familias, casi patriarcas que existían en las estancias, muy  respetado por el entorno que se aglutinaba a su alrededor.

Nació en San Agustín, hijo de Matías Sánchez y de Carlota Sánchez Sarsfield casado en primeras nupcias con Benedicta Torres y en segundas con Angelina Gigena, con hijos de ambos matrimonios.

Es considerado el primer Maestro del Departamento de Calamuchita, todo un símbolo del hombre instruido de aquella época, comprometido en trasmitir sus conocimientos.

Fue autodidacta y en su propia y humilde vivienda de paredes de adobe,  en 1881 abrió la   Escuela de Primeras Letras como se las llamaba entonces. En los registros y documentos que aún se conservan, puede apreciarse su excelente redacción y ornamentada caligrafía que dan un marco personal y prestigioso a su trabajo  caracterizado por su profesionalidad y su capacidad de síntesis.

La matrícula inicial fue de treinta escolares, entre los que se contaban a Ramón Benavidez, Rogelio Martínez, Miseño y Anfiloquio Villagra y a Clímaco Antúnez entre otros. Enseñaba a los niños a leer, a escribir, a hacer cuentas y con la lectura del Catecismo los introducía a la doctrina cristiana, así sus alumnos aprendieron a ser trabajadores, honrados y buenos cristianos.

Además de las funciones de Director, Secretario y Celador de la Escuela,  desempeñó el cargo de Comisario General de Calamuchita y Jefe Político del Departamento al mismo tiempo que realizaba en su antiguo coche un servicio periódico de mensajería. Se dice que en un tiempo también desempeñó el cargo de Estafetero.

Cuentan que en la  escuela se realizaban  reuniones vecinales buscando, con el consenso de ideas, avanzar en la cultura. Y todo un adelanto a los tiempos,  se creó un “Tribunal Vecinal” para tomar examen a los alumnos en forma democrática.

Cuatro años después don Justiniano Sánchez dictaba clases en Los Reartes, generoso emprendimiento que fue continuado luego por la maestra Srta. María Amador de Garay, y luego por la Srta. Restituta  Gigena Albarracín de González.

La fervorosa vida docente de don Justiniano encontró continuidad en las figura de sus hijas, María Laura Aurora Sánchez y  María Esther Sánchez de Torres.

Murió en Córdoba a los 82 años el 3 de noviembre de 1935.

Hablemos de las transformaciones de este espacio histórico a partir de la década de 1930.

Ya habían comenzado a llegar los inmigrantes centroeuropeos que eran de variada procedencia: alemanes, suizos, austríacos, húngaros, pero los había también italianos, españoles y algún francés.

La historia de sus vidas no fue lo que ellos planearon, sino la que el destino les otorgó.     Muchos se afincaron,  formaron sus familias y contribuyeron a lograr su bienestar personal, el del país y el de las colectividades. Integraron un proceso de transculturación entre criollos y extranjeros donde se potenciaron algunas virtudes y se desdibujaron algunos defectos, una especie de adaptación y  socialización benevolente, proceso que tuvo luces y sombras y los antagonismos propios de cada idiosincrasia.

Los extranjeros se habían instalado con la esperanza de construir una Colonia Agrícola Ganadera, pero frente a la escasez de agua, las fuertes y repetidas heladas, las nevadas invernales, las sequías y la falta de una ruta para transportar la producción  fueron echando por tierra el modelo y entre los pioneros cundió el desaliento. Muchos se fueron y los que quedaron se mordían los labios en la desazón de la duda preguntándose qué hacer  y optaron resistir hasta el final. La salida fue convertir cada casa en un hospedaje y dedicarse a la industria sin chimeneas: el turismo.

En 1933 el Inspector de escuelas Gotardo Stagñaro y el maestro Otto Berr, vieron la posibilidad de realizar un proyecto de vacaciones para  los alumnos de la escuela Cangallo Schule y Pestalozzi Schule.

Una manera de adecuarse a las exigencias de los tiempos y de los veraneantes que abrieron el caudal turístico, fue la transformación que sufrió  la casa de Don Justiniano Sanchez  que ya en 1932 pasó a pertenecer a  Guillermo Cristensenn, antigua casona con casi nueve hectáreas del loteo. Fue entonces cuando La Posta se transformó en la Pensión “La Marta y junto a la Pensión de Mamita Gobl serán faros para el emprendimiento  turístico que empezaba a abrirse camino, las pensiones irán surgiendo una tras otra: El Monte Verde de Federico Rinke, La  Tirolesa de Juan Kabusch, Las Golondrinas, El Mirador, La Sajonia, Las Orquídeas, El Rancho Grande.

Se instala el ideal de superación y progreso y un porvenir  pleno de bondades  se abre en el horizonte.   

Y hablemos de la otra transformación de este lugar.  A partir de 1968,  hechas ya algunas subdivisiones en  el loteo de Guillermo Cristensen,  los nuevos propietarios del casco histórico  será  matrimonio integrado por Héctor Raúl Lamponi y Lidia Estela Palacios y sus  dos hijos,  Raúl Alejandro y Diego Andrés.  La familia provenía de Buenos Aires y son residentes del pueblo desde hace cincuenta y cuatro años.

El negocio llevó  siempre el nombre de Restaurant Los Pinos y en el año 1969 anexó el servicio de Parrilla a las comidas centroeuropeas. Y pensando en los jóvenes abren la Confitería Bailable Marokko, una de las primeras en la zona.

En 1997 asume la conducción del Restaurante Raúl  quien realiza  modificaciones  en el salón y  agrega en el espacio que le correspondiera a la Posta, una moderna Pizzería y la acompaña con una interesante exposición museística de latas de cerveza se anticipan  a la apertura en el año 2000 de la Fábrica de Cerveza Artesanal Brunnen que se abre para los visitantes con degustaciones y una interesante visita guiada.

En la actualidad luce  moderna y  atractiva, ha sido refaccionada recientemente  y su nombre actual es “Cervecería y Restaurante Brunnen Brew Haus”. Continúa siendo una de las primeras fábricas de cerveza importante por sus ventas  y ofrece  su  receta original alemana  con una especial oferta  gastronómica.

Es importante destacar que la familia Lamponi y sus descendientes han estado siempre atentos a la vida de la comunidad  y han sumado su participación comprometida en las transformaciones y en el progreso del pueblo.  Son  tres generaciones  que han estado en servicio  y  por eso son parte de  nuestra  historia”.

Archivo fotográfico:

1911-Mensajería

1929-Rancho-de-Freytas-cedido-a-Valentín-Molinero

1929-Yerra-de-los-Paez

1932-Pensión-La-Marta

1940-Teobaldo-Moyano,-Reinaldo-Paez-y-un-desconocido-comisario

1981-Don-Justiniano-Sánchez

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

Si bien es cierto que muchas instituciones nacen de la iniciativa personal  y se concretan con el esfuerzo y la cooperación de muchos, es necesario recordar que en 1945, los extranjeros llevaban la voz cantante, impulsando iniciativas y logrando realizaciones.

Los criollos, casi como en remedo del modo de aglutinarse de los germanos, comenzaron a unirse dando origen al Centro Cultural “Juan Bautista Alberdi” y el Club Deportivo Social “Unión”, cuyo nombre declaraba los principios que gestaron su existencia, y contaba con la presencia de Manuel Paguaga, José Urdampilleta, Hipólito Rodríguez, Alberto Knoefli, Ejido Ruggero, Abel y Juan Calderón, Pedro González, Héctor Favot, Tránsito Romero, Fernando Schwab, Walter Bossahard, Bautista Torrigeli y por supuesto del Dr. Sergio Mayor quien llegó a ser un buen presidente en ambas instituciones.

Según consta en acta el 9 de enero de 1945 se nombró a Manuel Paguaga y a Walter Bosshard para estudiar la fusión de las dos instituciones, con el objetivo común de cultivar el deporte, conservar la tradición nacional, respetar las cosas nuestras y colaborar con con toda otra institución que llevara a cabo alguna obra social o de bien público tratando de cultivar una sincera, leal y desinteresada amistad.

Juan Oefinger y Pablo Riesenberg adquirieron el lote baldío donde hoy está emplazado el Salón Municipal y comenzaron la construcción de lo que sería la primera cancha de básquetbol, al tiempo que se organizaban los primeros campeonatos.

A medida que el fervor y el trabajo aumentaban el club se fue convirtiendo en una gran familia que desarrollaba actividades acordes a los tiempos con una participación cada vez más numerosa y entusiasta, por lo que habiendo solo transcurrido un año se planeo la pista de baile de ocho metros con techo de paja.

Los datos de los criollos que impulsaron muchas de las  iniciativas y los relatos de las primeras reuniones se han perdido, o quizás estén escondidos en algún libro de actas con olor a humedad, en un sitio que ya nadie recuerda.

Sin embargo sabemos a ciencia cierta que en el amplio baldío que había detrás del destacamento policial se jugaron los primeros partidos de fútbol, “en alpargatas o a pie desnudo”; después vendrían los botines y las camisetas que proporcionarían identificación a los jugadores y los partidos de los cebollitas para los más pequeños. La hinchada se haría escuchar especialmente en los clásicos partidos de solteros contra casados, argentinos contra extranjeros y ex- conscriptos contra veteranos.

Con motivo de la construcción del dique de Los Molinos y la ruta N°36, hoy ruta N°5, llegaron a la zona nutridos contingentes de obreros y peones camineros a quienes les gustaba mucho el deporte. Se sumaron también los jóvenes de la Escuela Técnica de José de la Quintana que con la energía propia de la juventud formaron un equipo que representaba al pueblo en los inolvidables torneos zonales donde la pasión donde midieron fuerzas con las localidades vecinas de Embalse, Villa Rumipal, Villa del Dique y Santa Rosa.

Es necesario reconocer que aquellos jugadores, no eran “unos pataduras o patas de palo, como se solía decir, sino hombres entusiastas que lo daban todo por el deporte y que lograron puestos importantes”, así lo expresa el varias veces Pte. del Centro Cultural y Deportivo don Noel Pereira.

Una vez redactados los estatutos se formó la Sociedad Civil con Personería Jurídica según Decreto N° 11319 y casi de inmediato surgieron diferentes comisiones, comenzaron a llevarse a cabo bailes, rifas, carreras cuadreras de caballos, tómbolas, se compró un piano usado, un amplificador y hasta el predio de la actual cancha de futbol. La integración de la Comisión de Damas que fue un aporte valioso para la construcción de la Institución.

En 1957 la Asamblea del Centro Cultural y Deportivo  de Villa General Belgrano aprueba la operación de la compra de un terreno para campo de deporte y lo hacen en nombre del Centro Héctor Favot, José Formía y Roberto Enflert, se paga un valor de 40.000 pesos moneda nacional.

Otro hito importante fue la compra del techo auto portante, de 20 por 40 metros cubiertos, a 7,50 $ el metro, cuyo valor ascendía a 32.620$, dinero  que con mucho esfuerzo se fue pagando bajo la supervisión  del Dr. Juan Espejo, Martín Quiñonez, Juan Franck y Noel Pereira.

Pero fue justamente por la adquisición de este techo que el Club cayó en un endeudamiento del cual no pudo salir y fue la Municipalidad quien intervino  y se hizo cargo de la deuda y del bien. Y el salón Municipal como muchos pasaron a llamarlo se transformó en el pulmón que acompañó la vida del pueblo, allí se compartieron anhelos y necesidades, se fijaron objetivos y planearon transformaciones, esto es importante destacarlo porque sino muchas veces nos quedamos solo con las fachadas de las cosas.

Como la situación seguía siendo crítica en 1969 solicitaron  un préstamo a la Caja de Crédito que cuesta decirlo pero fue así, se perdió en la nada. Y sabemos que siendo intendente Hans Frank se le otorga un subsidio de 15.000 pesos ley 18188 para saldar los problemas económicos y que recibe otro crédito de 21.000 pesos ley 18188, gestiones que no lograron los resultados previstos.

En 1970 mezclado con la organización de los Carnavales y estando ya el Salón Municipal  en manos del Centro de Comercio surgió el monumental proyecto de tener un Salón de Convenciones y sin lugar a dudas esta obra de tanta envergadura tuvo su marco histórico y su marco legal.

Fueron figuras protagonistas el Arq. Ubaldo Enrique La Furcade quien trabajó en íntima relación con el Arq. Jochen Krüger que es el arquitecto que diseña el Proyecto, lo conduce desde sus orígenes y sigue siendo el actual Director Técnico de la Obra. También tienen un rol importante  todos  los  Intendentes Municipales: el Ing. Lorenzo Frascaroli (1970-73), Adolfo Marxen (1973-76), Luis Tossi y Alfredo Aleman (1976-7), Tte. Elio Marino Freytas (1977-81 y 1983-87), Ricardo Stagnaro (1981-83), el Odontólogo Ramón Graneros (1987-99) y Sergio Favot (1999-2002).

Luego la construcción se detuvo, hubo robo de muchos de los materiales que se habían adquirido y el abandono pasó a ser  total. Este edificio patrimonial se transformó casi en un fantasma al que todos llamaban “el elefante blanco dormido”.

En el año 2002 el Intendente Sergio Favot le encomendó a su Director de Obras, el Arq.  Federico Andreoli la tarea de “vestir al desnudo”,  lo que era estudiar como profesional la forma de armonizar cómo se podía comenzar a buscar una solución a este problema pero a sabiendas que no se contaba con dinero,  ya que acabábamos de pasar la crisis económica del 2001.

Fue necesario pedir el apoyo al Gobierno de Provincia de Córdoba quien puso a disposición los recursos a pesar de tratarse de diferentes partidos políticos. Y fue el actual Intendente, Cdor. Oscar Santarelli, que se encontraba como Ministro de Obras Públicas de la Provincia quien dispuso el aporte con la como condición que haya una persona que se haga cargo de recibir el dinero, responsabilizarse de las inversiones y rendir cuentas con transparencia. Y no se tenían personas para eso ya que había que disponer de tiempo y energías. Por lo que El Arq. Andreoli dejó el cargo que ocupaba y se transformó en el asesor del proyecto. Antes del año estuvieron en condiciones de pedir que se ampliara el presupuesto para que el revestimiento no solo abarcara la torre, la  conexión con el  Salón de Eventos y Convenciones y la  nueva sede de la Dirección de Turismo, sino que abarcara a la totalidad.

El elefante dormido despertó el 11 de octubre de 2002, luego del acto de Inauguración al que asistieron autoridades Provinciales y Municipales y las diferentes Instituciones se puso en escena una representación teatral, “Reseña Histérica … Un monstruo despierta”,  Teatro de imagen y sonido con músicos, bailarines, coreutas, artesanos, artistas plásticos.

Han pasado los años y no se ha detenido nunca más su marcha… el interior cobra su vida propia en el día a día… los grupos artísticos se visualizan en sus singularidades y logran imponer su identidad sobre todo a través de la creación de la Escuela de Artes que aporta mucha vida al movimiento cultural, a las fiestas  y sirve de contención jóvenes y  a toda la población de Villa General Belgrano”.

Archivo fotográfico:

1950 – Club Deportivo Unión

2001 – Construcción de la torre

2002 – Fachada Salón de Eventos

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

Federico, el mayor de los hijos de la familia Seyfarth, luego de ambular por distintos lugares del país volvió a la Villa en los años 60’ dispuesto a radicarse definitivamente.

Como si las almas tuvieran un destino marcado se cruzó en su vida Inge y en 1962 se casaron y tuvieron dos hijos, Pully y Heidi; juntos y uniendo sus sueños comenzaron a poner los cimientos de lo que es hoy “El Ciervo Rojo”, un lugar de honda raigambre tradicional centroeuropea,  punto de referencia obligado tanto para residentes como para turistas o visitantes.

Él nos cuenta sus primeros pasos: “En 1964 ya tenía un ranchito, un local precario sobre terreno ajeno, prestado que casi era como un kiosko, estaba ubicado en la calle principal. Pudimos levantarlo con las maderas traídas de la Kaiser, no tenía ni puertas, ni ventanas y como era totalmente inseguro me acostumbré a dormir allí para cuidar mis bienes.

El pueblo era chiquito en ese entonces y con mucho trabajo, esfuerzo, decisiones firmes y la tenacidad en la lucha diaria se fue formando la familia de amigos y clientes de nuestro emprendimiento”.

Lo bautizaron “El Ciervo Rojo” porque Federico en la escuela, siempre tuvo un motivo preferido para sus bocetos y pinturas: dibujaba ciervos rojos y la expresión “ciervo colorado” le sonaba  muy feo, según sus apreciaciones.

En esa época los únicos bares eran el Rancho Viejo y el Viejo Munich y a Federico se le ocurrió una estrategia interesante para destacar su local: hacer tortas artesanales.

Él mismo lo relata: “Ottilia Schwab vino a verme y  me ofreció hacer tortas para vender en nuestro negocio, yo le dije que sí. Fuimos los primeros que rescatamos las  recetas de la repostería alemana que aún  hoy, a pesar del tiempo transcurrido, no han cambiado.

Al tomar esta decisión tuvimos que agregar un espacio que sirviera de cocina y otro ambiente para fabricar las tortas que fueron tomando nuestro sello y con el tiempo hasta logramos fabricar nuestra propia cerveza y la  envasamos en barriles.

Cuando el Ciervo Rojo fue la parada obligada de los ómnibus que venían de Bs. As., ya que  aún no teníamos una  Terminal de Ómnibus,   adquirimos popularidad y reconocimiento.

En la actualidad   ese mismo servicio se lo brindamos a las excursiones que vienen del interior de la provincia o del país, dándoles la oportunidad de degustar un té, un café o un chopp acompañado de la tradicional gastronomía y repostería  alemana en un lugar que por su ambientación los hace sentir como si estuvieran en una  clásica chopería en   Alemania, además incluimos el estacionamiento gratuito”.

Cuando Federico vio cómo su hermano Juan,  pudo comprar el Munich y rescatar su espíritu tradicional,  quiso también iniciar algo nuevo y sólido en su negocio, pero recién en 1970 pudo comprar el terreno y proyectar una nueva edificación.

Comenzaron haciendo una gran excavación, destinada al sótano, delinearon las escaleras que conducían a la galería abierta y en el primer piso hicieron asomar la vivienda, no había patio ni terraza.

En 1973 la nueva confitería abrió sus puertas, era una copia arquitectónica casi exacta de una posada que existía a la vera del Danubio, sin embargo  pronto comenzó a distinguirse por su atención y por  su singularidad en el entorno.

La adornaron con cabezas de ciervo rojos embalsamados, cerámicas tradicionales, hierros forjados en las farolas, diferentes tipos de jarros en los estantes y hasta el detalle de un chiquilín tirolés que, para asombro de los turistas, se deslizaba hábilmente por las cuerdas tendidas sosteniendo una lámpara tallada.

Tuvieron presente la música, colocando como adornos algunos instrumentos musicales y pusieron a disposición un piano que  siempre espera despertar con la presencia de  algún pianista ocasional o con la aparición de Jorge Volfarth que todos los sábados, a la hora del té, regala sus conciertos.

Entre los habitué que marcaron su espacio en el Ciervo estuvieron los Marineros del Graf Spee que se reunían  una vez a la semana a tomar un café de 10.00 a 11.00 hs y que fueron dejando su impronta en el ambiente, en el cuadro con la fotografía del Capitán Hans Langsdorff y con la pintura del acorazado. La presencia de ellos fue motivo de atracción y siempre estuvieron dispuestos a brindar una entrevista o entretener a los visitantes con un relato de sus vivencias.

Tanto estos personajes como todos los amigos de la casa recibieron la atención y  el respeto de  Inge y Federico, motivo por lo que los clientes regresaban y hacían del lugar el espacio de sus tertulias.

Cabe nombrar al grupo de los bailarines que se juntan  los sábados a los que  acompaña la orquesta típica de “Die Biermusikanten”, el grupo de amigos criollos y extranjeros que festejan cumpleaños y   fechas especiales, los Bomberos Voluntarios, la Asociación Hotelera, El Coro y en general todas las Instituciones del pueblo a quienes ellos brindaron siempre  su apoyo incondicional.  

Federico se declara  el “Inventor de la Fiesta de la Masa Vienesa”, una idea que recibió el apoyo de Héctor Favot y Ottilia y que surgió para atraer más turismo y brindar otro atractivo a la gente que venía a pasar aquí las Pascuas. Corría el año 1971 y el Ing. Lorenzo Frascaroli, presidente del Centro de Comercio en reiteradas oportunidades e Interventor Municipal, aprovechando que estaba en diálogo con unos periodistas mientras entre bambalinas nacía el proyecto, lanzó la primicia y ya no hubo forma de retroceder.

El Ciervo Rojo es por sí solo toda una  Institución. El 3 de abril de 2014  celebró “50 años de vida” y la Fiesta del Aniversario tuvo un increíble poder de convocatoria.

Los dueños organizaron una gran festejo popular e invitaron a todo el pueblo, se cerraron las calles que rodean el local y los presentes manifestaron su alegría sumándose al baile, en forma espontánea.

 No pudieron explicar con  palabras lo que sintieron y compartieron ese día. Entre  risas, abrazos y algunas lágrimas, expresaron que había como un lazo interior que les hacía sentir una energía movilizadora  que los unía y que vivieron lo que es la confraternidad.

Vaya nuestra gratitud a Inge y Federico por ser parte de nuestra Identidad”.

Archivo fotográfico:

Frente de lo que hoy es El Ciervo Rojo – 1933

1965

Federico Seyfarth – 2002

Fuentes complementarias:

*youtube.com./50 años del Ciervo Rojo – 3 de abril de 2014/ TV El Sauce Villa General Belgrano

* youtube.com/ el Ciervo Rojo – 50 años de Historia/27 de mayo9 de 2014 / Leandro E Flores

*Revista Líderes.

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

En 1931 llegó a la Argentina Ilse Langbein, procedía del norte de Alemania y su padre que doblada en edad a la madre, era médico y pastor. Vivían con cierto bienestar pero intuyendo que se avecinaban tiempos muy difíciles y oscuros para el país, el padre instó a sus cuatro hijos a buscar horizontes menos conflictivos.

La joven viajó sola a nuestro país dejando su tierra natal y la contención familiar; albergaba la esperanza de reunirse con sus hermanas que se le habían adelantado en la aventura y convivió con ellas mientras aprendía el idioma y a servir con humildad en las tareas del hogar.

No había transcurrido un año desde su llegada, cuando Fritz Seyfarth, el hombre que la había visto partir y no deseaba perderla, se hizo presente en su vida. Se casaron en Entre Ríos y se establecieron en la Colonia La Llave y los dos, con sus manos poco habituadas a duros trabajos, levantaron las paredes de la casa que iba a ser el  hogar. Allí nacieron sus primeros cuatro hijos, Federico, Juan, Gustavo y Andrés.

Pero Ilse sentía mucha nostalgia y no terminaba de acostumbrarse a la nueva patria por eso tomó la decisión de volver con su madre a Alemania, llevando en sus entrañas a Enrique, el quinto  descendiente.

Preocupado por la situación Fritz se pone en la búsqueda de otro lugar donde pudieran recuperar y reconstruir su vida de familia. Se entera de un sitio especial por tratarse de una colonia de alemanes en formación: la Colonia Paraje “El Sauce”.  Decide conocer el pueblo y casi en forma inmediata  llama a su esposa con la seguridad que aquí se encontraría a gusto. En 1938 Ilse emprendió el retorno a la Argentina y junto con su madre que la acompañará de por vida y será su contención; con ella  recobró las fuerzas y el optimismo para enfrentar su segunda y definitiva  adaptación.

La casa que Fritz había alquilado a la familia Dolsver era una Pensión Comedor, emprendimiento que decidieron continuar a pesar que las comodidades eran escasas. Arriba tenía la vivienda familiar y abajo tres cuartos para huéspedes, un comedor y una minúscula cocina. Este pequeño emprendimiento será conocido después como la Pensión de los Seyfarth.

Aquí en la entonces Villa Calamuchita nacerán sus otros tres niños, Guillermo, Ramón y una niña llamada María Luisa, Mika para todos.

En la casa las costumbres se relacionaban con hábitos ancestrales y de puertas adentro hablaban el dialecto materno, pero en el diario contacto todos aprendieron el alemán y el español y se educaron en la escuela fiscal. Como la familia contaba con escasos recursos los niños trabajaban en pequeñas tareas: guiaban excursiones al Pico Alemán o a los arroyos y quebradas, juntaban bolos en las partidas  de bochas y distribuían con diligencia los diarios Clarín y Freie Presse y el dinero que obtenían se sumaba a los ahorros familiares que  eran usados para las salidas especiales a Córdoba, también para algún juguete o un helado.

Fritz se ocupaba de vender artesanías por la zona ya que su oficio, la mecánica de precisión, no tenía campo de acción en el pueblo. Esto lo lleva a incursionar en la fotografía, hay voces que cuentan que tenía improvisado un laboratorio a orillas de la acequia donde esparcía las bandejas con fotos para revelar, los negativos se enjuagarán en una palangana con las transparentes aguas secándose en las ramas de los sauces.

Cabe destacar su aporte como fotógrafo, ya que sus fotos, junto al material brindado por muchas otras familias del pueblo, han servido como parte documental  para el rescate de la historia oral del pueblo facilitando su reconstrucción. 

Fritz Seyfarth fue un referente cultural en el pueblo, formó sucesivos grupos orquestales alpinos, dirigió y preparó obras teatrales, organizó encuentros y reuniones siempre con el pensamiento de promover la cultura germana.

Fue director de un coro de niños entre doce y dieciséis años y en 1950 dio comienzo a una serie de reuniones cuyo fruto se ve coronado en la Congregación Evangélica.

Estas actividades no le quitaron tiempo para participar en la Comisión de Fomento y en otras Instituciones.

En 1942 la familia Seyfarth comienza la construcción de la casa propia casa sobre la calle principal, ella guarda una particular historia por haber sido un emprendimiento particular importante que se fue transformando y adaptando de acuerdo a las posibilidades familiares y a las necesidades de la comunidad. Y además porque ese será el último lugar  donde funcionará la Primera Estafeta antes de transformarse en Oficina de Correos de la cual  Don Noel Pereira fuera su encargado. 

Sabemos que con la llegada de más inmigrantes aumentó la correspondencia, las piezas postales llegaban a la Estafeta distante cuatro kilómetros del caserío principal, por lo que las familias comenzaron a movilizarse en busca de dar una solución al problema de la distancia. Ante la imposibilidad de tener dos estafetas con el mismo nombre el 6 de agosto de 1938 se reunió la comisión de Fomento y en Asamblea resolvió por unanimidad cambiarle el nombre al pueblo: de “El Sauce” pasó a llamarse “Villa Calamuchita”, así el pueblo pasó a tener su Estafeta de Correos.

Las cartas llegaban siempre, primero fue al Caballito Blanco de Niggl, después al sótano de Las Orquídeas, donde los encargados serían primero Alfredo Martínez y después la Sra. Guerra. En esta época se autorizó a Donoso de la Merced a retirar y repartir la correspondencia a la gente distante y el pueblo tuvo casi un cartero, aunque el honor de ser el primer cartero oficial le corresponderá a Alfredo Martínez quien entregará cada carta en las manos de los ansiosos destinatarios.

Estos sucesos los encontramos relatados con todos sus pormenores  en el Acta de la Comisión de Fomento del 24 de octubre de 1943, donde precisamente Heintze hace mención a las prioridades que deben preocupar a los vecinos: “el agua, la luz, el correo y después el turismo”.

Don Fritz  aprovechó también el cambio de vivienda para dar otro giro a su vida, y abrió primero el almacén “El Porvenir”, al que anexa la casa de fotos con una sala de exposición, con la venta de juguetes, música y artículos serranos. Después abrirá la Papelería y Librería a la que con sentido de humor llamó “Los 7 Enanos”, nombre que aún conserva y donde tuvo sus inicios una “librería circulante” novedosa e importante.

La continuidad en la conducción de la Librería y Papelería “Los 7 Enanos”, tras la muerte de Fritz, fue asumida primero por Juan,  luego por muchos años estuvo bajo a tutela por Ramón más conocido como Moni, quien la traslada a otro espacio comercial céntrico.

En la actualidad su dueña, que pertenece a la tercera generación de los Seyfarth, es Beatriz Seyfarth hija de Guillermo y Marta y  nieta del matrimonio que hemos evocado en estas páginas.

Los Seyfarth, como se los conoce en el pueblo, son referentes de la comunidad y manifiestan un alto grado de pertenencia y  compromiso con el desarrollo del pueblo que tan generosamente acogió a sus padres y del cual recibieron recompensas tanto espirituales como materiales.

Archivo fotográfico:

1943

1943

1945-Los ocho chicos Seyfarth

1948 – Librería 7 Enanos y Correo

1950 – Los 7 Enanos

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

En 1889 nuestro país había puesto su mirada en Europa y fomentó la inmigración a fin de cubrir la demanda de mano de obra imprescindible para el proyecto agroexportador vigente en ese momento. Se pretendía con esto no solo poblar las grandes extensiones casi desiertas sino acompañar la mentalidad laboral de los pobladores rurales y ampliar sus conceptos sobre el trabajo, el ahorro y el respeto a la autoridad.

Uno de los primeros inmigrantes que arribó al pueblo fue don Bodo Hagelberg que llegó en 1930. Como había pocos lugares para albergar a una población en crecimiento, los Hagelberg con una visión progresista, decidieron agrandar su rancho y transformarlo en la primera pensión de la zona que después será conocida como “Rayo de sol”.

Con el transcurrir de la década  fueron apareciendo muchas más, entre ellas rescatamos a dos por ser las primeras en recibir los contingentes del turismo escolar: la “Hostería del Valle” más conocida como la “Pensión de Mamita Gobl” y la “Pensión La Marta” de Guillermo Cristensen, que había sido la casa de don Justiniano Sánchez, una de las primeras Postas de la zona y la primera Escuela del departamento Calamuchita.

La real oportunidad de organización y desarrollo de la actividad turística se presentó en 1933 de la mano del Inspector de Escuelas Gotardo Stagnaro y del Director Otto Berr, que con la intuición de los educadores programaron ciclos de vacaciones educativo-recreativas para los contingentes de alumnos de las Escuelas Cangallo Schüle y Pestalozzi Schüle.

Era una propuesta atractiva que incluía un mes de vida sana, práctica del idioma e interiorización en la cultura germana y centroeuropea.

Los contingentes llegaban en el transporte Chevalier hasta Río IV, allí trasbordaban al colectivo Colta hasta  Berrotarán que los traía por una ruta de ripio a la Villa; la travesía duraba unas quince horas y los jóvenes bajaban del transporte arrastrando sus bolsos mientras atravesaban el campo abierto buscando alojamiento.

A partir de ese momento se aparecían por todos lados e iban llenando de cantos y risas las calles, ascendían al Plumerillo y al Champaquí, incursionaban en los arroyos y en los momentos libres cabalgaron, pescaron e impregnaron todo con su energía y su  juventud.

Al llegar algunos abrían sus carpas en terrenos baldíos, pero muchos elegían la “Hostería del Valle” por ser un albergue destacado atendido por su dueña, Ría Gobl más conocida como “la Mamita Gobl”.

La propiedad de Ría Gobl, era la de mayor extensión, alcanzaba desde Los Molles a La Toma, de arroyo a arroyo, sumaban unas veinte hectáreas que irán fraccionando y vendiendo y hasta quedar reducida a nueve.

Poseía una vieja casona de cierto señorío edificada en 1934 que tenía catorce habitaciones que sumaban unas veinticinco camas, cinco baños, tres garajes y un pequeño salón con una cocina amplia y confortable.

El costo diario con almuerzo y cena era muy bajo de $2,50, excelente la gastronomía, trato impecable, todos destacan que allí se daba afecto familiar.

A Mamita, incansable e inquieta, era imposible seguirla en los trajines cotidianos: se escurría de un lugar a otro y muchas noches se la podía sorprender pelando pollos a la luz de la luna.

Sin embargo a pesar de los trabajos y trajines diarios, nunca le faltó tiempo para escribir y plasmar en las letras  la alegría  y el buen humor  que eran característicos en ella.

Fue la primera persona que intentó escribir la Historia de la Colonia Paraje “El Sauce” y tituló su obra “Poesía popular a cerca de la formación y desarrollo de la Colonia “El Sauce”  que fuera fundada el 12 de octubre de 1931 en las Sierras de Córdoba.

El fascículo apareció en 1950, se vendía por cinco pesos y en él se incluía la publicidad de VGB como un lugar especial de turismo, mientras la autora juega con los nombres de los habitantes, que sólo en alemán es levemente gracioso, no guarda ningún dato histórico relevante y podemos decir  que no tiene traducción al castellano.

Se descubre sin embargo a través de la lectura de sus estrofas, la armonía que habían logrado los primeros pobladores, la solidaridad que practicaban y hasta la casi campesina y rústica simplicidad con que iban hilando sus horas.

Las colonias de vacaciones lograron despertar el interés de los padres y familiares de los chicos quienes  comenzaron a proyectar sus vacaciones aquí, los pobladores se embanderaron con el ideal de superación y progreso considerando que avizoraban el futuro,  como una tangible realidad que los impulsaría a mejores destinos.

La trasmisión boca a boca fue potenciando el desarrollo económico y como lógico resultado se sumó un movimiento cultural y educativo sin precedentes.

Según consta en las actas catastrales la primera propietaria del predio es María Schmidt de Gobl pero ya en 1932 el terreno se encuentra a nombre de José Gobl y Jorge Heincrich, la construcción fue terminada el 23 de setiembre de 1934.

 En 1950 compra la Hostería del Valle don Alberto Juan Castaldi,  quien en 1959 se asocia con Kurt Ruhnre y en 1971 se traspasa como herencia a los hijos de Castaldi, Alberto y María Cristina.

En 1975  la adquiere don  Manfredo Gualterio Hadlok. En 2006 le hace importantes refacciones, queda la hostería con nueve habitaciones, cinco baños y un altillo que no se utiliza.

Entre los años 1976 a 1979 edifica cuatro locales adelante y el éxito obtenido lo lleva a hacer otros cuatro más que logran esconder la imagen de la propiedad primitiva de la Hostería que se transforma en un complejo habitacional permanente, es decir en un Residencial.

Es necesario puntualizar que las primeras familias inmigrantes dejaron impreso su sello en la entereza y la constancia, en el trabajo silencioso y eficaz, sin buscar aplausos o elogios, sin pretender que publicidades engañosas sumaran turistas y sin estridencias de ninguna clase. Simplemente  edificando sus destinos y  nos dejaron el ejemplo de sus vidas.”

Archivo fotográfico:

1933 – La casa de mamita Gobl con otros parroquianos

1936 – Colonia de Vacaciones Los Girasoles Cabalgata

Cartel de Hoteles y Pensiones

1953 – Inge con sus alumnos

1948 – Primer Cartel de VGB

1939 – Foto grupal Copy

1937 – Chicos de colonia de vacaciones Sulsberger

Fuente complementaria:

*Bolfsdidhfung zum –Bberdegang der Rolonie “El Sauce” Jetzt “Villa General Belgrano”

GEGRUNDET AM 12 OKTOBER 1931 IN DEN BERGEN VON CORDOBA

Roloniftenhumor von Ría Gobl

GEWIDMET DEM FRAULEIN OTTI SCHWAB, VEREHEILICHTE SCHORNIG

Texto y Recopilación: Profesora Freytes de Vilanova, Martha

Plano de Ubicación de Puntos Históricos

En este plano están detallados 11 puntos en donde se encuentran ubicados los paneles con la información que componen la primera etapa del proyecto.

Material disponible en audio